Lo recuerdo bien, justo una tarde de verano, al sentirme sola en esta caótica ciudad de México, caminé por largas horas entre las calles que pisaba en mi juventud; "Emiliano Zapata" " Francisco Javier Mina" y "Manuel Salazar". Ahora no recuerdo más calles...
Iba siempre buscando algún rostro rostro que me resultara conocido, un rostro con el que alguna vez compartí parte de mi vida, un rostro que sin dudarlo me verá desde lejos y al instante me reconocerá para decirme; -"¡Que alegría verte!"-
Pero mi búsqueda fue absolutamente en vano. Fue una perdida irreparable de mi tiempo, un turbio agotamiento de mi ser...
Ahora me resigno a caminar cabizbaja, sin espera alguna. Ya no hay tiempo que pueda ser malgastado en mi vida, mi vida se ha consumido, como el cigarrillo abandonado en un vagón del metro. Me he resignado a divagar, sin una pizca de esperanza entre mis labios...
Ya es de noche y mi rumbo incierto aún no concluye. Y cuando tuve la casi insaciable sed de derramar mi sangre con una escopeta, alguien tocó mi hombro y oí una voz, la cual reconocí de inmediato y dijo: -"Aqui estoy, no termines con tu fiel compañía. Yo, la Soledad"-.

No hay comentarios:
Publicar un comentario